sáb. Dic 15th, 2018

Las institucionalidades culturales pueden desentenderse de una educación ciudadana para ejercicio de los #DerechosHumanos

El patrimonio, los museos y los monumentos son industrias culturales que hay que observar, pues son no inocuas y sirven a alguien, aunque sea medianoche.

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Hoy vemos ejercicios de audiencias que llegan hasta medianoche en los patrimonios, monumentos y museos, pero a la hora de pesquisar sus guiones cuánta densidad tienen las tematizaciones que hacen de las descripciones de sus territorios para impulsar un ejercicio de poder desde las ciudadanías desde el enfoque de Derechos Humanos. La respuesta es desoladora, salvo los espacios de memoria, el mundo de los museos expresan un desapego abismante para incluir los Derechos Humanos como dimensión explicita y fundamental en sus discursos.

Los museos y el patrimonio, sin reserva alguna, son industrias culturales que generan ejercicios de poder que estabilizan o desconstruyen hegemonías. Miren un museo y describan lo invisibilizado en su discurso y, tendrán, una descripción de los entramados de influencia que se revelará claramente. En el montaje de un museo si lo diverso, lo múltiple y la dignidad humana es enmudecida nos encontraremos ante la instalación de un poder único, donde unos valen más y lo otro como algo extirpable. En otras palabras, los museos son fotografías que entregan imágenes que asignan la función y status de quién puede violentar y de quién está   sometido a la violencia.

El patrimonio, los museos y los monumentos son industrias culturales que hay que observar, pues son no inocuas y sirven a alguien, aunque sea medianoche.

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