mié. Nov 21st, 2018

Cultura al estilo sastre: Poder y creación de museos y espacios culturales #editorial #cultura #chile

Es increíble la potestad que tienen las cosas, las materialidades, lo no humano para crear agenda. A pesar que aún estemos en el sueño donde el sujeto es lo definitivo en el mundo, la cruda realidad es que estamos gravitando en un continuo de redes de humanos y no humanos que dictan cómo nos ensamblamos. En el caso de los museos, ese tránsito tensional entre instalarse como edificio-contenedor o como territorialidad con entorno y llena de descripciones, dicho agendamiento humano/no humano es más fuerte.

Hoy al preguntar, entre quienes se dan ocio desplegándose en lo etiquetado como museo o patrimonio, sobre quién define sobre lo expuesto para la admiración y el deleite en estos espacios, con un gran grado de certidumbre, se podría llegar a vislumbrar que en muchos de los discursos que nos entreguen como respuesta nos llevarían hacia figura del panel de expertos ( que lejos estamos de la Mesa de Santiago ). Es decir, una “corte” que define que estéticas y cosmovisiones ( ambas materialidades no humanas ) deben vincularse con los bordes del museo. Que exista una limitación de quienes “de-finan” lo puesto o no en las exhibiciones establece un “rastro de agrupamiento”  determinado para los vínculos entre las personas y cosas ( estéticas, procesos, gestiones y materialidades físicas ) que no solo configura al museo mismo, sino a lo agrupado como sociedad. Por ejemplo, si un retrato de este autor estuviera en la pared de su casa constituiría una red con una materialidad poco compleja ( elemento de sujeción al muro, mínimos cambios en luces, no requeriría procesos de diseño, etc.), mención en conversaciones coloquiales y significación discursiva en ambientes íntimos; por el contrario, si dicho retrato fuese parte de una colección de un museo estaría allende en un red de materialidades muy complejas ( insumos de montaje, diseño gráfica, procesos de guión, capacitación personal, unidades de soporte tecnológico, estrategias de social media, etc.), agrupamientos de personas para su admiración e instalación de un legado que daría o no mayor densidad a las descripciones de “rastros de agrupamiento” de eso que llamamos Social. De este modo, lo que se coloque o no en un museo detona enlaces que tienen ver demasiado con quien se excluye o incluye a la interior de los bordes/membrana de la sociedad.

De esta perspectiva, anunciar crear un museo no es una red inocua. Cuando una red etiquetada como museo la podemos describir como una tematización que se enlaza a muy diversas formas de agrupamiento de actantes (humanos y no humanos) podemos observar que muchas fronteras sociales son permeables a aceptar vincularse con quien era excluido de eso social. Sin embargo, cuando la decisión de etiquetar algo como museo tiene parte de simetrías por mantener cierta teoría del empate, claramente, nos encontramos que el listado de agrupamientos que pueden descritos parte de la sociedad se acota significativamente.

De donde se inicie, de quienes se ocupen y las cosas ocupadas hacen hablar a a la creación de un museo como indicador de las maneras que tiene una sociedad para superar las vulnerabilidades de quienes se agrupan en ella.

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Estudiante de Trabajo Social, pintor digital y viajero de vario mundos

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