EL SECRETO LENGUAJE DEL PALACIO RIOJA: LA BOCA, LOS BRAZOS, LAS PIERNAS Y LOS PIES DEL CREADOR

El 13 de Mayo de 1979 la I. Municipalidad de Viña del Mar dicta un decreto alcaldicio que da inicio para el Palacio Rioja su vida como Museo.

Una saga de 38 años dando a conocer a la comunidad para admirar los vericuetos de la artes decorativas, que hoy, siguiendo las grandes tendencias de la museología está realizando evolución hacia enraizarse como polo cultural que acoga y entregue soporte a las culturas, los patrimonios y las memorias.

EBE junto con saludar a todo el equipo humano que hace posible la conservación, investigación y exposición de este patrimonio, solicitó al pintor digital, escritor, guía de museo con 15 años de experiencia y colaborador de nuestro medio, Raúl Cardemil G. desarrollar una nueva mirada sobre este monumento histórico nacional.

A quien conserva en sí la gran imagen

el mundo entero acude.

Acude pero no sufre daño alguno

Y permanece en salud, paz y armonía.

Epigrama XXXV TAO TE  KING

Versión castellana GASTÓN SOUBLETTE.

POR RAÚL CARDEMIL G., GUÍA DE MUSEO, PINTOR DIGITAL Y ESCRITOR

Vivimos en una cultura que se desarrolla consciente o inconscientemente en la comodidad de utilizar a la geopolítica, el urbanismo y la arquitectura como ordenación de los espacios públicos y privados para mejorar la velocidad de consumo, y como plataforma para justificar el ser entidad de guetos verticales que saturan los planos de nuestras ventanas. Hemos olvidado cuando la catedral, la plaza, el mercado y las calles estaban alineados con las venas telúricas de las energías del dragón, tiempos donde se sabía que agrupaciones de dólmenes y menhires funcionaban como campos en que  este pulso de todo lo vivo se manifiesta o vigila el tesoro la Madre Naturaleza. También en esta amnesia ha caído la potestad de utilizar muros, columnas, tímpanos y ornamentos como un alfabeto para leer los modos de conducción de estas energías tenues del dragón que armonizan todo lo que es siendo.

Hoy cuando experimentamos una recreación de miradas sobre las culturas que constituyen nuestra idiosincrasia toma especial valor arriesgarse a dar ignotas perspectivas sobre lo que se considerase claramente conservado, investigado y expuesto. En ese sentido, darle relectura a la cosecha museal constituye una aventura cultural que abre nuevas latitudes para el pensamiento, las emociones y las respuestas a la cuestión sobre el Ser, pues los acervos ordenados para permitir la experiencia de interactuar con lo exhibido abre redes de conversaciones para intentar responder la cuestión de ex-sistir en la complejidad de “mundos” que hoy habitamos, situación que se vuelve exponencial en el contexto delimitado por muchos teóricos que consideran a los museos como un particular medio de comunicación.

Desde este discurso, la casuística de Museo de Artes de Decorativas Palacio Rioja para nosotros tiene un particular “inter-es”, dado que esta exposición ha estado más cercana al concepto de CASA MUSEO que idealiza un entorno familiar aristocrático desarrollado en un periodo de rigidez estética como varios textos de arte miran a la Belle Époque. Sin embargo, para varios la mencionada colección se escapa y se amplía mucho más allá de esta perspectiva de anecdotario, pues constituye un intenso reservorio de entelequias sensibles que levanta todo un continente conceptual sobre lo que son siendo las culturas que le dan emergencia a nuestra identidad y memoria.

En este estadio el contenedor y contenido del Palacio Rioja presentan una inspiradora exuberancia, poco inquirida, en sus cargas simbólicas que pueden tener un acercamiento vital desde la perspectiva de Juan Eduardo Cirlot cuando señala en su Diccionario de Símbolos que “…Y como atracción del mundo simbólico –reino intermedio entre el de los conceptos y el cuerpos físicos- seguía frente a nosotros, decidimos abordar una sistemática exploración de la materia simbólica, hasta que ésta, rendida en lo factible, nos entregara algún oro de su caverna, a riesgo de percibir en ocasiones lo mítico de la empresa.” Tanto en lo mueble como en lo inmueble, el recinto patrimonial que discurrimos en estas líneas, que erróneamente se ha descripto como neoclásico ya que no tiene ninguna cercanía con el pensamiento estético de Diderot y es un desfasado copy paste del mundo decimonónico realizado por aristocracias iberoamericanas enriquecidas con explotación primaria en el siglo recién pasado, se da emergencia como un generoso hemisferio que florece en tirsos de Baco, meandros, grecas, estrellas tartesicas, amores, ménsulas, hermas, entablamientos, dameros, mascarones, silenos, tímpanos, quimeras, esfinges,  acantos, cariátides y tantos otros elementos que en la mayoría de las ocasiones nos pueden dejar en un estado totalmente laxo al brevemente intentar desarrollar una interpretación que vaya más allá de una contemplación estática del vórtice sensible que manan todos aquellos elementos decorativos, sin embargo, como esos sucesos que ocurren en la esfera de las estrellas fijas, suceden contadas, maravillosas y estremecedoras ocasiones  donde una mirada alífera  nos permite vislumbrar “algún oro”  de la caverna que es el Palacio Rioja.

En este sentido, extasiarse con la admiración del salón principal de la mencionada mansión palaciega devela insospechadas lecturas de un espacio que en su cielo tiene oculta las ideas de Paracelso, lo cual, nos ha llevado a intentar la escabrosa empresa de manifestar el sentido profundo de otros elementos de este espacio: las cuatro cariátides que lo coronan.

Estas figuras deudoras totales del clasicismo francés, alineadas con los puntos cardinales, haciendo apología a hábitos y rasgos de tipos raciales (que llevó a interpretarlas superficialmente  como representaciones de 4 razas o culturas, a nuestro juicio algo incompleto y superficial), sosteniendo símbolos muy complejos como un martillo o un compás, implican un análisis algo más profundo para entender su ethos más profundo. Al deslizarse hacia la noche más profunda de los tiempos podemos ver estas 4 figuras en su sentido mismo, pues René Guénon o Abd al-Wâhid Yahyâ (1886-1951), el último metafísico de Occidente, en su obra “Símbolos  Fundamentales de la Ciencia Sagrada” menciona la asociación donde las castas de la India en un “recinto cuadrangular” están situadas en los diferentes puntos cardinales, en detalle, los brahamanes ocupaban el norte, los kshátriya el oriente, los vaiçya el sur y los çúdra el poniente, además que cada punto cardinal se pone en correspondencia con uno de los elementos, una de las estaciones, así como un color característico, forma de correspondencia no exclusiva del Continente Indio. Esta forma de organización del espacio para el conjunto de una ciudad como para un edificio particular desempeñaba un papel importante en todas las antiguas civilizaciones tradicionales.

Nosotros a fin de evitar equívocos dejamos bien instalado que el uso del concepto de casta más que una injusta segmentación social por origen, generada por la deformación histórica de corrientes espirituales, aquí corresponde a la manifestación de un don espiritual, pues cada una de las castas es una parte de del cuerpo de Brahma.

Ahora realizando las correspondencias con la mencionada estancia del Palacio Rioja, tendríamos la siguiente:

·         Al norte, cariátide que tradicionalmente se ha mencionado como la raza europea vendría ser la representación de los brahamanes, la boca del Creador, sacerdotes y maestros. Asociados al color blanco, representando la pureza y la claridad.

·         Al oriente, cariátide mencionada como raza asiática vendría ser la representación de los kshátriya, los brazos de Dios, dignos reyes, príncipes y guerreros. Asociados al rojo, representando la pasión y la energía.

·         Al sur, cariátide identificada con África vendría ser la representación de los  vaiçya, las piernas de Dios, comerciantes, artesanos y agricultores. Asociados al amarillo, representado el color de la tierra.

·         Al poniente, cariátide asociada a los pueblos aborígenes de América vendría a ser çúdra, los pies de Dios, todos los que trabajan por comida y techo. Asociados al negro, color que según Cirlot corresponde a la etapa inicial y germinal de algo, pues no olvidar que Noé puso en libertad un cuervo negro, en el arca, antes de la paloma.

Así tenemos una reinterpretación especulativa que permite entrar a otro estadio en la admiración del Palacio Rioja, para empezar a ver con nuevas miradas lo expuesto, función principal y final de las humanidades. Se puede estar a favor, en contra o no entender estas líneas, pero ya nunca más se va a contemplar igual este patrimonio viñamarino.

Finalmente, aprovechando estos 38 años de funcionamiento del Museo de Artes Decorativas Palacio Rioja, no podemos perder la oportunidad de recordar a quienes conservan, investigan y exponen las culturas, los patrimonios y las memorias que nunca abandonen la audacia para devolver a la humanidad el don de entretejer entre sus dedos la energías tenues del Dragón y repetir la enseña de los videntes: “A l’ aurore, armés d’ une ardente patience, nous entrerons aux splendides Villes.”

fotografía principal equipo EBE

fotografías cuerpo reportaje gentileza palacio rioja

 

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